XXI

La mañana se resbala bajo las sabanas.
Sol de azul caliente...
Que cojió el color del mar.
Y de frente se impuso una nube.

Puso en mis ojos blancos
la rosa blanca, 
la más bella
jamas imaginable.
En mis pupilas 
quedaron dos mares.
Y mis pestañas 
dejaron ser mojadas.







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